Hoy se cumplen cuatro décadas en que ocurrió el lanzamiento del Apolo 11 con destino a la luna y tres días después, el 19 de Julio de 1969, Neil Armstrong pisó suelo lunar en representación de toda la humanidad. A muchos les parecerá increíble, sin embargo me atrevo a comentarles que en ese entonces yo tenía 3 años de edad, y aún recuerdo que mi padre me cargaba en sus brazos, y señaló al TV blanco y negro diciéndome que eso que veía en la pantalla era “la llegada del hombre a la luna”, aún tengo ese recuerdo.
A continuación les comparto un breve texto, en celebración de este importante logro de la astronomía y de la humanidad en general. El texto es de John Banville (*):
En la luna no existe luz de Luna, el cielo es negro. Luz del Sol, luz de la Tierra, claro resplandor bajo el cual no crece nada. No hay árboles, mares, marea alta o baja, ventarrones o tormentas de verano; no hay estaciones. Hay polvo, piedras esparcidas y, ahora, huellas de unos pies que se arrastraron. Todo es más ligero que el aire, nuestro aire pesado, del cual no hay ni brizna allá arriba: el hombre lunar con su traje de juegos puede brincar tan alto como una pulga, ¿Y porqué no habría de hacerlo, si casi no tiene otra cosa que hacer?
Lo vimos en la pantalla de nuestros televisores a mediados de aquel caluroso verano. En un blanco y negro borroso, distante. Parecía uno más de esos programas que disfrutábamos en compañía de nuestros hijos: adultos con trajes extraños haciendo tonterías. Debe haber sido emocionante: a lo mejor hasta nos comíamos las uñas conforme la endeble nave iba descendiendo, levantando el polvo, con las patas apuntaladas en busca de apoyo donde ningún pie humano o artefacto se había posado jamás.
Sí, seguramente nos emocionamos, pero lo que recordamos con mayor claridad es la sensación de un escepticismo vasto, agotado.
Entre nosotros había teóricos de la conspiración en una época ahíta de conspiración, quienes sostenían que aquello no había ocurrido, que se había puesto en escena en algún lote baldío en alguna parte… plausible que hubiera sido una patraña, una patraña plausible. Hollywood lo había hecho con anterioridad, pero mejor. Bastaba recordar 2001: Odisea del espacio. Nada más que la visión estelar de Kubrick había sido gélidamente clara, frígidamente nítida, mientras que los muchachos de la NASA, con sus juguetes tan maravillosos, se las habían ingeniado para recubrirlo todo de la aspereza y el brillo tenue y vacilante de una película casera.
Si se trataba de falsificar la situación –parecía decir la película-, ¿creen que a propósito lo haríamos parecer tan deslucido?
2 comentarios:
elSainz: Conste, cumplí mi promesa del post de hoy... :D
el hombre lunar con su traje de juegos puede brincar tan alto como una pulga, ¿Y porqué no habría de hacerlo, si casi no tiene otra cosa que hacer?
Como me gusto esa frase! Pensandolo bien 40 es muy poco y es un chorro de logros..o creen que deberia haber mas?
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